
Foto: Melitón Tapia - INAH
Rodolfo Neri Vela
El Universal
¿Quién no ha probado el mexicanísimo dulce llamado “alegría”? Está hecho con amaranto y miel, y encima puede llevar pasas y nueces. Este cereal tiene más proteínas, calcio, hierro y fósforo que el trigo o el arroz, y también supera —en porcentaje de estos componentes— a la leche y al huevo. Tanto los aztecas como los incas veneraban al amaranto —en Perú se le llama kiwicha— por su alto valor nutritivo; en los tiempos del emperador Moctezuma II, Tenochtitlán recibía un tributo anual de sus provincias del orden de 20 mil toneladas.
Aunque ellos no lo sabían, el cereal también contiene un buen porcentaje de lisina, nada menos que del aminoácido más importante para el desarrollo mental del hombre, en especial para los chamacos que están en pleno desarrollo. Aunque en su momento algunos lo criticaron por ignorancia, México contribuyó a la ciencia espacial en 1985 realizando por primera vez en la historia un experimento sobre la germinación de semillas de amaranto en la microgravedad. Brevemente, se encontró (revista Ciencia y Desarrollo del Conacyt, núm. 73, 1987) que las raíces crecieron con fragilidad y por encima del medio de cultivo, y que presentaron desorientación, tanto con iluminación como en la oscuridad.
Desde el inicio de los programas espaciales, todos los países participantes han realizado una infinidad de estudios sobre la germinación y el crecimiento de diversos vegetales para conocer mejor sus secretos. No sólo es importante saber el efecto que tiene sobre ellos la ausencia de gravedad, sino que, al comparar los resultados con experimentos paralelos hechos en la Tierra, se puede deducir cómo influye la gravedad terrestre sobre sus funciones y desarrollo. Hasta la fecha, se sigue experimentando con trigo, lenteja, maíz, lechuga y muchas especies más; no es sólo por curiosidad, puesto que los futuros colonizadores de otros mundos con gravedad diferente tendrán que crecer sus propias plantas para alimentarse. Por ejemplo, además de trabajar con proteínas, enzimas y nanotecnología, Brasil contribuyó en 2006, durante la estancia de su primer astronauta en la estación espacial internacional, con la germinación de la semilla de un árbol típico de la sabana brasileña, que también fue útil como herramienta didáctica para los niños de su país. Igualmente, China emplea satélites —llamados Shijian— para germinar todo tipo de variedades vegetales (EL UNIVERSAL, 26/09/2006) y tratar de mejorar sus cosechas usando las semillas recuperadas que regresan a la Tierra en una cápsula con paracaídas.
Cuando llevé al espacio mis semillas de amaranthus hypocondriacus, el conocimiento general de sus cualidades nutritivas era casi nulo entre la población mexicana. Simplemente se le consideraba como un dulce, una golosina. La publicidad del viaje y el experimento cambió las cosas radicalmente. Hoy se ven beneficiadas cientos de empresas, pequeñas y grandes, que cultivan y comercializan al amaranto. Lo podemos conseguir en cualquier supermercado y también se exporta. Esto significa empleos e ingresos.
Pero no sólo hice ese experimento —además de otros—, sino que también llevé galletas y hojuelas de amaranto que pude compartir con mis compañeros de tripulación; fueron todo un éxito. Hace unos meses conocí a una simpática reportera; me dijo que a su niño le ha dado este cereal desde chiquito y que es súper-listo. Los aztecas tenían razón, ¿no cree?
